Los políticos, de espalda a los ciudadanos

Mariano Rajoy, durante un discurso, da la espalda a sus votantes.
Lo veremos repetido una y otra vez durante estos días en todos los medios y con políticos de todas las tendencias como protagonistas. La imagen absurda de un orador que ofrece un discurso mientras da la espalda a su audiencia. Una audiencia ganada (¿pagada?) de antemano y compuesta estratégicamente por personas de apariencia diversa para representar al conjunto de la población, para servir de proyección escópica a cualquier televidente. Como consumidor del discurso a través de la televisión, veo no sólo el gesto del orador mientras expone con vehemencia sus razones, sino que encuentro en las personas que actúan como telón de fondo un modelo en que reflejarme como audiencia, da igual que sea hombre o mujer, alto o gordito, blanco o negro. Y así la imagen del monitor me transmite, a la vez, la acción (discurso del orador) y la reacción (ridículo levantamiento y agitar de banderas, bobo asentimiento y aplauso para el clímax final) deseable en un intento por anular cualquier conciencia crítica.

No es algo nuevo. En las campañas norteamericanas de los años 80 ya se veía esa puesta en escena de asfixia de banderitas, de borrachera de barras y estrellas, junto con la suelta final de globos, las serpentinas y el confetti… Entonces reconozco que me embargaba una especie de vergüenza ajena ver el debate político (que en aquellos años todavía tan cercanos a la dictadura previa en España aún nos tomábamos tan en serio), convertido en una especie de carnaval por la primera potencia mundial.

Y hete aquí que apenas unos años más tarde nuestras campañas electorales ya no tienen nada que envidiar: en una sociedad en donde la imagen sustituye al concepto hemos pasado de la mujer-florero a la muchedumbre-telón de fondo. Mientras, los políticos hablan de espalda a la sociedad que les vota y ante la que deben rendir cuentas.

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